Hacia una vida mejor



 Vivimos en una sociedad altamente polarizada, lo que fomenta posturas encontradas. Y es que, ya se sabe que los extremos no son buenos. Como diría Aristóteles, "en el medio está la virtud".

El rollo New Age convierte el "pensar en positivo" o "vibrar alto" en una obligación esclavizadora, convirtiendo una virtud en un defecto. Una tediosa obligación, lo cual puede ser tan negativo como su otra polaridad: el negativismo que hunde en la apatía, la depresión y el inmovilismo.

Y es que sentir presión porque uno no está pensando en positivo cuando la vida trae dificultades o incertidumbre no parece ni bueno, ni sensato. Obviamente queremos equilibrio y bienestar, y evadirse de la realidad puede ser bueno como válvula de escape pero no como solución, pues se trata de un paliativo. La evasión puede ser un gran recurso siempre que no sea nuestra única baza para afrontar realidades desagradables. Una vez hemos cogido fuerzas procedentes de la evasión es momento de afrontar las realidades desagradables para estudiar estrategias de resolución o si esta no es posible al menos de afrontamiento.

Pensar que podemos estar siempre positivos no es realista. Tenemos pensamientos positivos y negativos, y es totalmente normal y adaptativo. Tenemos emociones negativas y positivas. La vida se nutre de retos, ya sean estos grandes o pequeños. Vamos encontrando problemas y buscando soluciones. Saber que la perfección no existe, y que de hecho si existiese de seguro dejaría de ser perfecta para pasar a ser tremendamente aburrida, quita pero sobre mis hombros. Creo en la mejora a partir de determinadas circunstancias, pero no en la perfección como concepto estanco. La vida es dinámica y no veo sentido a la perfección como valor absoluto. Si creo por contra en la voluntad de perfeccionamiento. Un motor impulsado por la curiosidad y el inconformismo.

Yo creo que una actitud positivo/realista que acepta los vaivenes y la belleza de la vida en sus altos y sus bajos y procura el mejor bien para cada cual dentro de sus posibilidades es la mejor alternativa. En este sentido dentro de mis libros de referencia debo citar "La fuerza del optimismo" de Luis Rojas Marcos. La actitud positivo/realista para mí es aquella que consciente de las dificultades inherentes de la vida misma, pretende medidas de afrontamiento no ya desde una mera y cándida evasión que no pasa del plano mental como ocurre con la "New Age" que espera que los pensamientos positivos lo arreglen todo, sino que es consciente tanto de las potencialidades como de las dificultades intrínsecas y extrínsecas y juega con ventaja conociendo las reglas del juego para utilizarlas a su favor.

En lo que a mi respecta, he tenido que confrontar mis dudas existenciales y decidí darme tregua para aclararme en mi búsqueda de sentido. Reconozco que desconozco el sentido, porque entre otras cosas ese sentido no puede ser el mismo a los 15 años que a los 40. La vida tiene etapas, fases... "digievolucionamos" *(alusión válida para generaciones que conozcan Digimon). 

Así que conforme avance, el sentido ya lo iré construyendo, teniendo en cuenta tanto las circunstancias externas sobre las que en principio no interfiero (azar/destino) como las decisiones internas que yo tome sobre las que yo tengo poder y potestad (voluntad), y eso es lo divertido de todo esto, que más allá de un resultado, la diversión del juego está en jugarlo. Y si, porque no, en pasar etapas, pero las etapas son cambios, estados. No se trata de alcanzar la perfección. Se trata de avanzar con la vida. Porque, ¿de que agua preferirías beber, de la que fluye o de la que está estancada? Hay un dicho, "bisagra que no se mueve, se oxida"

Así que, en estas estamos. Reconociendo que hay una continuidad a través de los cambios, y que en la vida aprendemos mediante ensayo y error. Así que, si lo estoy haciendo mal, es de esperar que en algún momento me de cuenta, me responsabilice y actúe en consecuencia. Y si lo estoy haciendo bien, ¡bien por mí! auto-palmadita en mi hombro y a continuar así. Me pregunto, si fuera perfecta, y supiera hacer de todo y todo lo hiciera bien, y no me quedara nada por aprender, ¿qué sentido tendría mi vida entonces? Encontrar el sentido paradójicamente habría supuesto perderlo por completo. Para finalizar, y redundando en lo expuesto anteriormente, el sentido se encuentra a cada paso.


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