Huída al interior
Vivo en un mundo que tiene el poder para cambiar las cosas pero que permanece apático. Un mundo en el que declararse pacifista es considerado naif, cuando lo realmente inmaduro emocional e intelectualmente como individuos es permitir en nuestra complicidad que se perpetúe la barbarie en pos de unos intereses que nunca fueron los nuestros. Lo realmente ingenuo es creer las historias que nos dicen que los conflictos armados son en nuestro beneficio o en beneficio de alguien más allá de aquellos que generan y mantienen dichos conflictos en pos de sus propio provecho causando muerte, sufrimiento y dolor; Cosificando a personas como meros medios medios para conseguir beneficios. Si mañana nos levantásemos como individuos soberanos que conforman algo llamado humanidad y dijésemos no en mi nombre, todo cambiaría. Pero vemos esos conflictos muy lejos. No nos tocan de cerca. No debería de ser necesario. Pero mientras seguimos en nuestro letargo y nos creemos ciudadanos libres que viven en regímenes democráticos avanzamos hacia un mayor autoritarismo por parte de oligarquías plutocráticas y quizás el destino de aquellos que nunca nos importaron se empiece a parecer al nuestro si seguimos este rumbo.
Vivo en un mundo en el que decimos que amamos los animales pero cerramos los ojos ante el sufrimiento y ejecución masiva en el mayor campo de concentración que jamás ha existido. Algún día en el futuro creo que hablarán de nosotros como bárbaros que se creían civilizados. Como sumisos que seguían la ética prevaleciente de su época sin plantearse que está bien y que está mal de manera individual, sino dejándose llevar por la tradición, la familia, la cultura, lo socialmente establecido. No tengo ganas, ni fuerzas, ni deseo de lucha alguna. Por eso me expreso aquí dónde soy libre y evito las confrontaciones que me drenan. Quien quiera cambiar lo hará por propia voluntad. Me retiro como el emboscado y como el anarca del que hablaba Jünger. Trato de ver lo mejor en mí y en los demás. A menudo vuelvo a mi mundo, donde la belleza y la magia son refugio. Trato de curar este dolor que no puedo ignorar. Busco el placer sin obviar el dolor.
Vivo en un mundo en el que decimos que amamos los animales pero cerramos los ojos ante el sufrimiento y ejecución masiva en el mayor campo de concentración que jamás ha existido. Algún día en el futuro creo que hablarán de nosotros como bárbaros que se creían civilizados. Como sumisos que seguían la ética prevaleciente de su época sin plantearse que está bien y que está mal de manera individual, sino dejándose llevar por la tradición, la familia, la cultura, lo socialmente establecido. No tengo ganas, ni fuerzas, ni deseo de lucha alguna. Por eso me expreso aquí dónde soy libre y evito las confrontaciones que me drenan. Quien quiera cambiar lo hará por propia voluntad. Me retiro como el emboscado y como el anarca del que hablaba Jünger. Trato de ver lo mejor en mí y en los demás. A menudo vuelvo a mi mundo, donde la belleza y la magia son refugio. Trato de curar este dolor que no puedo ignorar. Busco el placer sin obviar el dolor.
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